01 abril 2010

UN ANGUSTIOSO ATARDECER

Relatos de amor y de guerra

Capítulo XX


Como todas las tardes, iba a trabajar con mi padre y hermanos en la venta de pan en el mostrador de la Panadería “Titán”.

Serían cerca de las 6.00 p.m. mi hermano Serafín, más conocido por Pincho, había salido en uno de los carros de reparto a distribuir el pan de la última tanda a distintos barrios de la ciudad a tiendas de víveres y casas particulares.

Observo como llega y detiene el auto violentamente y se baja, al instante siento el chirriar de las gomas y parada a pocos pasos de una microonda, de ella se bajaron tres uniformados de policía y reconozco a uno de ellos como el temible asesino Salas Cañizares. Le pregunta a mi hermano en forma agresiva el por qué no paró cuando ellos le daban el alto y extrayendo su pistola le apuntaba en la sien, zarandeándolo por los hombros.

Vi el terror reflejado en el rostro de mi hermano, indefenso entre los tres matones. No sé como salté por encima del mostrador y me le abalancé encima, no como una pequeña mujer, que media menos de cinco pies de estatura y no pesaba más de ciento ocho libras, me convertí en una feroz pantera, lo cogí por el grueso cuello con mis dos manos, le clavé las uñas, mostrándole mis dientes y le grité con todas las fuerzas que me da valor en los momentos más difíciles:- ¡¡¡Si usted me mata a mi hermano, le saco los ojos con mis uñas!!!

Aún no me puedo explicar qué sucedió, si lo impresionó la fiereza de mi expresión, lo cierto es que metió la pistola en su cartuchera y se introdujo con los otros de nuevo en el auto y partieron velozmente o tal vez fueron los gritos desesperados de muchos vecinos que salieron de sus casas en su defensa increpándolos: - ¡No lo maten! ¡Ese es Pincho, el panadero!

Ya a salvos, y muy nerviosos, volvimos a la panadería, para mi asombro, el rastrillo permanecía cerrado. ¿Sería cierto que volé por encima de las vidrieras?

Ahora regañaba a mi hermano:- ¿Por qué no obedeciste a la señal de pare que te hicieron? A lo que me respondió:-

¿Tú estas loca? ¿No te diste cuenta de quienes eran? Me pararon por Cuabitas y si les hago caso me matan allí mismo, preferí que lo hicieran aquí y por eso apreté el acelerador, Eran Salas Cañizares, Mano Negra y Pikin Chiken, los más grandes criminales que cometían todo tipo de atropellos y torturas a cuantos jóvenes sospechosos del pertenecer al Movimiento 26 de Julio en la ciudad de Santiago de Cuba.



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