18 julio 2013

TRIBULACIONES DE UN TELÉFONO Y ALGO MÁS.

Este relato comenzó hace más de  40 años, por si usted no lo sabía  tener un teléfono fijo en Cuba  es una gran odisea.

Me remonto a  la década de los años 70 cuando  ocupaba un puesto importante en  la Dirección Provincial de Comercio de Oriente, después de 1976 Sectorial Provincial de Comercio de la ya  recién creada provincia de Santiago de Cuba. Por mi cargo al principio de Planificadora Provincial, después Contador de Finanzas, más tarde Especialista de Precios debía viajar con frecuencia a inspeccionar los almacenes y establecimientos de dicha provincia y ausentarme de mi hogar por  varios días, tener a mi madre anciana y verme en la necesidad de comunicarme con ella y saber de su estado de salud y a la vez  mi ubicación en caso de una emergencia, solicité por escrito  a través de  unos 30  años un teléfono en  mi  casa  a cuanto director nuevo ocupaba ese cargo en la dirección de la Empresa Telefónica, para siempre recibir también por escrito la siguiente respuesta:“Lamentablemente no podemos  acceder a su petición por falta de capacidad, en cuanto  la tengamos  tendremos en cuenta su solicitud”

Ya en los  primeros años del presente siglo al parecer se crearon esas capacidades, pero en un número muy reducido y a nivel de cuadra en cada Comité de Defensa de la Revolución mediante una asamblea  en la que  para lograrlo se debía  presentar los suficientes méritos para optar por una o dos capacidades.  En esa fecha  ya me  había jubilado, por lo tanto estaba con desventaja antes otros aspirantes, por lo que perdí la esperanza de tener ese valioso artículo en mi casa y conformarme con el mal servicio de los teléfonos  públicos o de algún vecino que  me lo ofreciera.

En busca de mejores horizontes viajé a España en 2007, atrás dejé  parte de mi familia, en todos estos años  me he visto en la necesidad de comunicarme con ellos, principalmente mi anciano hermano de 73 años de edad, que por  de más vive solo.

Ha sido muy angustioso todo el tiempo transcurrido tratando   de  hablar con ellos `por cualquier vía, a veces  se me hacía  muy difícil y además costoso.

En las recientes reformas  de las restringidas leyes de la Republica de Cuba se autoriza   el traspaso  del usufructo del servicio  telefónico.

En mi reciente viaje a la isla me di a la tarea de encontrar quien  me hiciese ese ansiado traspaso, era bastante costoso y nada fácil. Dejé varias personas encargadas de  solucionar este asunto. Los precios exorbitantes, no obstante me  propuse que mediante cualquier sacrificio  mi hermano tendría su teléfono al alcance de la  mano.

Pasaban los días y no dejaba de acariciar la idea, mientras ahorraba al máximo y evitaba cualquier gasto innecesario.

Hace unos días recibí un correo donde  me decía que  ya  se había conseguido quien estaba dispuesto a traspasar su teléfono, pero en otra lejana provincia, por lo que debería mandar  lo suficiente para gastos de viaje, hotel y alimentos.

Se hicieron los contactos necesarios por lo cual  sin pérdida de tiempo tomé en mis manos todo el dinero que poseía y me quedé en cero, siempre  pidiendo la ayuda de Dios y que todo saliera bien y no sufriera  una estafa u otra cosa parecida.

La persona encargada  de esto se tomó muy en serio este asunto y  viajó a un pueblo apartado de una provincia bastante alejada con la compañía de la persona que había servido de contacto.

He aquí la parte más triste de este relato:

En el pequeño pueblo  se encontró una  humilde vivienda ocupada por dos ancianos de 85 y 96 años de edad, uno de  ellos postrado y muy enfermo y  en una  pobreza conmovedora. No obstante estuvieron muy de acuerdo en realizar el traspaso por la importante suma en Moneda Libremente Convertible. Se dirigieron  a la   Empresa Telefónica y sin ninguna dificultad se hizo el trámite.

Me cuenta mi  colaboradora que se le oprimió el corazón  al ver al anciano que aún puedo valerse tomar  el dinero como si fuera un gran tesoro y dar gracias, ya que  con eso podría darse “Algunos gustos” y salir de prisa a la tienda del pueblo de ventas con divisas a comprar 3 sábanas.

Más se  me oprimió a mí el corazón al leer ese correo, ya tenía lo que por tantos años había  luchado sin ningún resultado positivo, pero ¡A qué precio!

¡Qué ironías de la vida que para  poder disfrutar de un servicio imprescindible y de fácil adquisición en cualquier país capitalista tuve que  buscar esta solución!

 Madrid 17 de junio de 2013



No hay comentarios:

Publicar un comentario